El declive secular de la lucha de clases

Declive

Si para la mayoría de los comunistas la revolución es el momento catártico por excelencia, la lucha de clases es su santo grial. Una y otra están conectadas por un estrecho e íntimo vínculo, en tanto la segunda, aún en su forma más elemental, es entendida como momento irreductible del antagonismo, y la primera como su epílogo dialéctico. Sin antagonismo no hay revolución. Tal vínculo estrecho fue definido de una vez y para siempre más de un siglo atrás, y sucesivas oleadas de luchas obreras parecían confirmar aquella dimensión irreductible año tras año, década tras década.

Los comunistas no desconocieron el lado oscuro. El Estado y los burócratas se sumaban a los capitalistas en el intento de controlar esa masa siempre indócil, a veces irredenta, y en algunas raras ocasiones abiertamente revolucionaria. La lucha de clases, aún en su forma más elemental, era concebida entonces como momento de la verdad, actualización del antagonismo subyacente que necesariamente se desprendía de una relación social cuyo propósito era la explotación de la fuerza de trabajo, lo cual demandaba a su vez un esfuerzo permanente por el control de sus portadores, los trabajadores asalariados.

Los comunistas difieren en la significación inmediata de la lucha de clases, pero en su mayoría son indistinguibles en cuanto a su resultado mediato: la revolución proletaria. Debido a ello, y más allá de sus diferencias, los comunistas cultivaron un apego esencial a la lucha de clases. Continuar leyendo “El declive secular de la lucha de clases”

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La Odisea del Capital

2001

“He aquí, por tanto, que el obrero trabaja la mitad del día para sí mismo y la otra mitad para el capitalista.” Marx 1:7

“Yo soy el Señor y nunca cambio” Malaquías 3:6

Cuando en octubre de 1864 escribe el Manifiesto Inaugural de la Asociación Internacional de los Trabajadores Marx está en la gloria. El militante del partido de la anarquía, como escribiera en el 18 Brumario, concibe así una síntesis estrecha del preludio a la época que advenía, la de la revolución proletaria internacional y el comunismo. En su diagnóstico de la situación entonces presente subraya que… “[e]n todos los países de Europa … ni el perfeccionamiento de las máquinas, ni la aplicación de la ciencia a la producción, ni el mejoramiento de los medios de comunicación, ni las nuevas colonias, ni la emigración, ni la creación de nuevos mercados, ni el libre cambio, ni todas estas cosas juntas están en condiciones de suprimir la miseria de las clases laboriosas […] Durante esta embriagadora época de progreso económico, la muerte por inanición se ha elevado a la categoría de una institución en la capital del Imperio británico.” Y vaya que tenía razón.

Tres años antes, en 1861, se había llevado a cabo en Inglaterra el primer censo nacional. Sabemos por los Grundrisse -borroneados poco antes, entre 1857 y 1858- y por el paso en limpio de parte de aquella obra, lo que conocemos como El Capital -de 1867- que Marx era un asiduo consultor de publicaciones estadísticas. En lo personal siempre me intrigaron los ejemplos que Marx postula en El Capital, no tanto lo de esas varas de lienzo sino más bien las tasas de plusvalor. ¿Que el obrero trabaja la mitad del día para sí y la otra mitad para el capitalista? ¿100% de pv’? ¿No se tratará de una simplificación? Continuar leyendo “La Odisea del Capital”

Comunismo rousseauniano

SO spray demonstrators
El Partido-Sindicato sugiriendo la unidad de los trabajadores

Cuando los sindicatos comenzaron a expresar en forma pura cual era su propósito en esta vida, cuando les fue extraída toda referencia a la autoconciencia y la praxis comunistas, al mismo tiempo la autoconciencia comunista pudo expresarse en forma separada y alzar el vuelo, liberada de las ataduras que hasta entonces la sujetaban, iniciando así un largo proceso de alienación que la condujo cada vez más alto hacia el Olimpo. Por su parte, la praxis comunista, esa tenue dimensión apenas presente en la mezcla de deseos, ideas y experimentos que hacía vibrar la experiencia de los trabajadores en el siglo XIX, sencillamente desapareció del mapa. Ya no había más espacio para el utopismo -tampoco el de Marx. La escisión estaba ya consumada y se anunciaba la era de los grandes hombres. Los capitanes de la industria comandaban las fuerzas del capital; a ellos habrían de oponérseles los capitanes del proletariado. Continuar leyendo “Comunismo rousseauniano”

Huelga!

sin chaplin

¿Qué sucedería si todas las personas de izquierda revolucionaria hicieran una huelga? Digamos por un año. Una huelga en la cual se negaran a prestar sus servicios al resto de los trabajadores. No dirigir ninguna lucha, no declarar nada sobre ninguna acción del gobierno, ni de la oposición burguesa. No participar en ninguna asamblea, ni promover acción alguna, aunque tampoco pasividad. Simplemente no decir nada de nada, ni siquiera hacer un gesto, una cabezada. Desenchufar las imprentas, clausurar los blogs, esconder los aerosoles bajo dos metros de tierra.

Y no levantar la huelga ante nada. Sin importar la inmundicia del atropello, la superexplotación del capitalista, la criminalidad del cabo de la esquina, la inhumanidad de la ley o el decreto recién emitidos. Permanecer impasibles.

Quizá nuevos izquierdistas revolucionarios surjan durante ese lapso, pues hay algo así como una tasa constante de nacimiento de izquierdistas revolucionarios que no podemos evitar. Ley de la naturaleza. Y aún así callar. Nada de piquetes contra los nuevos izquierdistas revolucionarios, nada de intentar desalentarlos, no. Silencio.

¿Qué sucedería si todas las personas de izquierda revolucionaria hicieran una huelga?